Llevados en brazos

Seguramente usted estará de acuerdo conmigo en la siguiente apreciación: Todos los seres humanos tenemos memoria sólo a partir de los cuatro años de edad aproximadamente;

y recordamos con muy vagas descripciones algunos episodios en esta etapa de nuestra vida. Cierta persona me dijo alguna vez: “cómo han pasado los años Nicolás, poder verte ahora, saber que cuando eras un bebé fui yo una de esas tantas personas quien te cargaba” A lo cual respondí: Francamente no lo recuerdo. Pude entender entonces que podemos recordar fácilmente a quién cargamos, pero nunca recordaremos quién nos cargó, es decir quién nos llevó en sus brazos.

Por estos días de aislamiento social, disfruto mucho mi devocional con mi esposa Marlen y en la lectura de las Escrituras que estudiamos en la mañana de hoy (Jueves 2 de abril), nos sorprendieron unos textos que quiero compartirlos con ustedes.

En primer lugar, en Isaías 46:1-2; 46: 5-9 dice: Bel se inclina, Nebo se somete; sus ídolos son llevados por bestias de carga. Pesadas son las imágenes que por todas partes llevan; son una carga para el agota-do. Todos a la vez se someten y se inclinan; no pudieron rescatar la carga, y ellos mismos van al cautiverio.

Además, el Señor agrega:

» ¿Con quién vas a compararme, o a quién me vas a igualar? ¿A quién vas a asemejarme, para que seamos parecidos? Algunos derrochan oro de sus bolsas y pesan plata en la balanza; contratan a un joyero para que les haga un dios, y ante ese dios se inclinan para adorarlo. Lo levantan en hombros y lo cargan; lo ponen en su lugar, y allí se queda. No se puede mover de su sitio. Por más que clamen a él, no habrá de responderles, ni podrá salvarlos de sus aflicciones.» Recuerden esto, rebeldes; piénsenlo bien, ¡fíjenlo en su mente! Recuerden las cosas pasadas, aquellas de antaño; yo soy Dios, y no hay ningún otro, yo soy Dios, y no hay nadie igual a mí. “ Isaías 46:1-2; 46:5-9

Resulta que en el antiguo tiempo cuando las gentes iban a salir de viaje solían empacar y llevar a sus ídolos y dioses con ellos. Aun en nuestros días y sobre todo en el mundo occidental y especialmente en Suramérica, es muy notable que en fiestas patronales locales o en la llamada semana santa, los pueblos llevan a sus propios dioses en hombros en masivas procesiones, y hasta hay oficios que por costumbres ancestrales se van heredando como el caso de los cargueros, es decir aquellos que se encargan de llevar en hombros a sus ídolos. De eso seguramente todos tienen memoria.

Sin embargo, en muchos apartes, La Biblia nos muestra claramente lo que significan esos ídolos y cómo los ve Dios el Señor. Veamos sólo un pasaje bíblico, de cientos que usted encuentra en La Eterna Palabra de Dios:

¿Por qué tienen que decirnos las naciones: «¿Dónde está su Dios?» Nuestro Dios está en los cielos y puede hacer lo que le parezca. Pero sus ídolos son de oro y plata, producto de manos humanas. Tienen boca, pero no pueden hablar; ojos, pero no pueden ver; tienen oídos, pero no pueden oír; nariz, pero no pueden oler; tienen manos, pero no pueden palpar; pies, pero no pueden andar; ¡ni un solo sonido emite su garganta! Semejantes a ellos son sus hacedores, y todos los que confían en ellos. Salmo 115:2-8

Otros pasajes bíblicos que hablan de lo que significan los ídolos son: Jeremías 10, El Salmo 135 y muchísimos más. Pero hay una marcada diferencia y es que, el pueblo del único Dios verdadero tiene la seguridad de que el Señor es el que nos carga, nos lleva, y nos sustenta en el curso de toda nuestra vida, incluidos los momentos de mayor aflicción y adversidad, tal como sucede en estos días.

De Dios entonces recibimos: Fidelidad, confianza, dedicación, fuerza, y muchas otras virtudes que de Él emanan y que son el Sello del trato que el Señor Jesús tiene con aquellos que ama y que lo aman. Te invito para que detengas tu meditación en la siguiente y muy tierna Escritura:

«Escúchame, familia de Jacob, todo el resto de la familia de Israel, a quienes he cargado desde el vientre, y he llevado desde la cuna. Aun en la vejez, cuando ya peinen canas, yo seré el mismo, yo los sostendré. Yo los hice, y cuidaré de ustedes; los sostendré y los libraré.” Isaías 46:3-4

 

Rvdo. Nicolás Ocampo J.

Pastor

Edición impresa: El Tiempo Final

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